25 minutos
Quizás algo más, quizás algo menos. Eso fue lo que la Inglaterra de Don Fabio aguantó a un nivel competitivo sobre el césped del Ramón Sánchez Pizjuan. Tiene trabajo el italiano por delante sí, como es de suponer en un técnico ganador como él, quiere volver a colocar a Inglaterra en su hábitat natural que no puede ser otro que el del Olimpo de las grandes del fútbol mundial.
El partido mostró las carencias actuales de esta Inglaterra en el juego ofensivo (bien es cierto que poseía bajas como Gerrard, Rooney, Walcott) y la distancia que hoy en día existe entre ambas selecciones. Capello comentaba en la previa del partido que era estúpido pensar que Inglaterra pudiera desarrollar el juego de España, of course Fabio, pero su equipo sí que debe rendir más acorde al potencial que se le presupone sobre todo con posesión de balón. Porque sin él, el conjunto inglés demostró ayer que va por el buen camino, desarrollando un buen trabajo defensivo y realizando muchos mecanismos cuando la pelota no está en su poder.
Bien es cierto, que Inglaterra no me desagrado en absoluto durante los primeros 25 minutos (el fútbol dura 90 minutos, sí, lo sé. Por eso “palmo” 2:0). Es más, durante esos 25 minutos fue superior a España, a esta selección española que hipnotiza con la pelota, que trabaja perfectamente con el balón en los pies y que marca el ritmo del partido a su antojo. Te duerme, te duerme y te pica. Como primero picó Villa, como minutos más tarde lo volvió a hacer Llorente.
Me sorprendió Capello con la alineación que finalmente presentó. Sinceramente pensaba que partiría con línea de cinco en la medular, formada por tres mediocentros: Barry, Carrick y Lampard con mayor libertad, siendo esa “cuñita” ofensiva; y la referencia en punta de Agbonlahor, pues la participación de Heskey estaba en el aire tras el entrenamiento oficial del combinado inglés. Pero no, Fabio dispuso un 4-4-2 lineal con Barry y Carrick como timón de mando y Wright-Phillips y Downing explotando ambas bandas. Decisión ciertamente estudiada y coherente pues de este modo trataba de contrarrestar por fuera, con amplitud de campo, el potencial de España en su juego interior y la posible debilidad que esta descompensación pudiera provocar en el juego exterior.
Como detalles más importantes en fase defensiva, Inglaterra nos dejó el 4-3-3 con presión a todo campo sobre el poseedor de pelota, tapando así las posibles salidas de pelota de España; mínimo ocho futbolistas siempre por detrás de la línea de balón; además del trabajo específico sin pelota de Heskey con variante defensiva, ayuda permanente y presión sobre el juego interior y el núcleo duro de la medular de España (Senna, Alonso, Xavi) y los relevos y permutas de Barry sobre las incorporaciones de Ashley Cole en banda izquierda.
Pero con pelota, ¡ay con pelota! Incomprensible que no jugara ni un solo minuto. Ahora al verde. Inglaterra, como venimos comentando dominó durante casi el primer tercio del partido pero se metió en la cocina sin tener demasiado claro que plato quería cocinar. Pelota, sí, pero efectividad, poca. Alguna incursión de Ashley Cole por izquierda, un golpeo de Agbonlahor, un cabezazo de Barry… pero escasa claridad. Sin ideas en la “caja de mandos”, demasiados espesos Barry y Carrick, escaso protagonismo por fuera y poca presencia en el juego tanto de Heskey como de Agbonlahor en la punta del ataque. Bien es cierto que la entrada de Lampard y Beckham en la segunda mitad otorgaron una mayor coherencia en el centro del campo y posibilitaron un mejor manejo de la posesión de balón.
Esta es la Inglaterra que observe, vi y analice en Sevilla. Aun muy lejos del equipo que pretende armar Fabio Capello y que posiblemente veremos el año próximo en el mundial de Suráfrica. Pero, al margen de esto, no quisiera acabar sin lanzar una pregunta al aire: ¿Y Ashley Young, qué? Bueno, dos: ¿Ni un minuto, por qué?
Etiquetas: Capello, España, Inglaterra


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